domingo, julio 17, 2011

Emoción.





Habíase una vez una niña que soñaba con ser trapecista. Se emocionaba al ver los saltos y piruetas que éstos realizaban en el circo, lo tenía clarísimo, eso era lo que le gustaba.


Pasó que le ocurrieron cosas desagradables, cosas que una niña no puede soportar, que no puede comprender. Mientras crecía, sentía cómo algo se rompía en su interior. Se sintió sola y desamparada y para repararlo, desde su miedo terrible, aprendió a crear pompas de jabón dentro de las cuales se encerraba y sentía más segura. Cada vez que la pompa se rompía porque alguien la tocaba sin querer o con intención de deshacerla, rápidamente ella creaba otra, tenía siempre jabón de sobra y no se cansaba de hacerlo.


No soportaba estar fuera de la burbuja, era demasiado duro. Comparaba su alrededor con el de las otras niñas y se sintó desgraciada y falta de amor. Sacó la conclusión de que no era como las demás y se sintió rara, extraña...y sobre todo culpable y confusa.


Se fue olvidando de su sueño y su creatividad fue quedando profundamente sepultada. Fue haciéndose mayor y, como dejó de creerse segura en las pompas de jabón, aprendió a sobrevivir cerrándose en sí misma, volviéndose muy tímida y reservada y... porque hubo quien la hirió en lo más profundo de su ser, dejó de valorarse y, en cuanto pudo, comenzó a maltratarse, ya fuera del hogar familiar; que fue pronto; ya que era muy competitiva, gracias a ese empuje, se las arregló bien sola y viajó lejos en una huida constante recorriendo distintos lugares y conociendo a mucha gente.


Se refugió en la evasión de la realidad a través de diversos métodos, en los que se graduó, siendo una gran experta en utilizar cada uno de ellos dependiendo de los requerimientos de cada ocasión. Y así, vivió durante años... viajando, escapando, bebiendo, autodestruyéndose y encontrando a su paso más y más vacío y dolor. Hubo quien la quiso ayudar, sacarla de la tristeza, vislumbró algo que le era vagamente familiar pero lo creyó un espejismo y ni si quiera se creía merecedora de espejismos; lo apartó de su camino.


Fue en uno de sus viajes que se dio cuenta de lo mal que estaba, de lo egocéntrica que era a pesar de no amarse lo más mínimo y de la importancia de la aceptación y el vivir plenamente lo que a uno le pasa: En la India, siendo ya una mujer que se iba acercando a la treintena vio entre la muchedumbre un hombre de una gran belleza que no tenía piernas ni brazos. Ella, viajaba en un rickshaw que causalmente se paró. El hombre sin extremidades y la niña grande se miraron con una intensidad indescriptible y el tiempo se paró. Él le regaló una sonrisa que ella no olvidará jamás en su vida; le sonrió con todo el rostro, brillante, puro, lleno de felicidad. Estupefacta, ya en su hotel, lloró y lloró hasta agotarse. Cree que ese fue el comienzo de su proceso de sanación. A los pocos días el yoga apareció en su vida y, desde entonces, sólo durante un breve período de recaída que le sirvió para saber cuán importante era esta herramienta para ella, lo ha practicado sin parar con más conciencia cada día.


No es trapecista, pero sí algo contorsionista y ahora, también, baila con el corazón y el cuerpo. Además, ha comenzado a ser feliz.


FIN


Quiero dar las gracias a Carlos, mi amigo y compañero durante la transformación; a Joaquín, por sus enseñanzas y creer en mí; a Carmen, por su cariño y por el árbol rojo; a Mecedes Higuero, por ser Mercedes Higuero; a mis padres por crearme; a Mercedes Regodón, por animarme a escribir y por lo que ella sabe; a Mayte, a Roberta y Atma, por traer Biodanza y por su humanidad; a Rafa, por estar ahí desde que lo conozco y ahora, aquí; a Anja, por todo lo vivido; a mis hermanos, que llevo en el corazón; a la vida, porque existo; al cosmos; porque todo es perfecto tal y como es, a mí misma, por volver a ser.


Om.


Luz y amor para todos.


Isabel.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias una vez más Isabel.
Al iniciar la lectura de tu cuento y apenas en el segundo renglón, se me saltaron las lágrimas. contra más leía, más me identificaba de una u otra manera con el personaje
Y las lágrimas tornaron en llanto.
Al terminar el cuento y reflexionando, seguí llorando.
Al releerlo, lloré profundamente en aquel hotel de la india con la niña mayor que quiso ser trapecista y que como yo fabricó y fabricó toneladas de jabón para hacer pompas.
Y seguí llorando,
Y seguí llorando.
Al escribirte estas líneas las lágrimas me brotan.
Y sigo llorando.
He respirado profundamente me siento mejor.
Pero sigo llorando.
Y sé que tu cuento al menos es parte del bálsamo sanador que aquel bello hombre Indú sin brazos ni piernas te regaló con la plenitud de su mirada y que tu transmites con la tuya.
Gracias por todo maestra un fuerte abrazo de José luís.
P.D. y gracias por regañarme cuando lo consideres conveniente maestra.

ana dijo...

emocionante,de un sensibilidad especial como tu eres simplemente en este momento puedo decirte ke kiero a esa niña y a esa mujer besos

isabel dijo...

hija no sabia que has sufrido tanto .te pido perdon por no estar a tu lado estandolo crei que tu me pedirias ayuda cuando te hiciera falta perdoname pero estoy tan confusa que no se siquiera que decir os quiero tanto pero me pregunto ....e sido una buena madre... losiento si te e fallado . yo tampoco e sido ni soy feliz . quizas sea lo que merezco .aunque para mi sois mi vida tu madre....

Geáctica dijo...

Gracias, hermosa aventurera, por permitirme presenciar tu danza del Corazón, un Corazón que escribo con mayúscula porque reluce, fuera del escondite y porque suena(dump dump, dump dump) como pasos de gigante en esta Vida Nueva, esta Vida que te Ama. Abradanzos y Abracadabras

Laxmi dijo...

Preciosa hija de la vida gracias por compartirte en toda tu valentia y hermosura,te beso los pies como me enseñaron en la India porque eres una maestra siendo que se ve tu corazon y tu luz antes de ver tu hermoso cuerpo!!!!te abrazo con amor!!!

Joaquín García Weil dijo...

Gracias, Isabel. La confianza se ha demostrado fundada.

El relato muestra los beneficios de la práctica del yoga, bendito sea, que cura el alma a través de la conciencia del cuerpo. Un camino abierto a quienes quieran recorrerlo.

Para concluir, más que FIN, yo diría punto y seguido. Veamos este momento como punto de partida. Lo mejor está por llegar.

También es este el punto de encuentro, en la YogaSala, donde se gernera una buena energía que como unión nos supera a quienes individualmente participamos en ella.

Viva el Yoga y viva al vida.