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miércoles, febrero 09, 2011

LA RESPIRACIÓN EN EL SUFISMO COMO TRANSFORMACION ESPIRITUAL

http://www.psicoterapia-transpersonal.es
Carlos Velasco Montes. Psicólogo

1. Conciencia en la respiración y el recuerdo de Allah

Dijo el hispanomusulmán Ibn al-Arabi "en cada aliento hay un camino haciaAllah”. Hay que tomar cada aliento que Allah nos da y devolvérseLo y hay que entender este aliento como la personalidad (carácter). Según esto, si el aliento o la personalidad (alma) dejasen al hombre, éste volvería a su origen, es decir, al Creador. Así, dice el Señor de los mundos en su noble Corán: "A Allah habéis de regresar”.

Cuanto más consciente se es de la respiración, más intensa es la vida interior. Ibn al-Arabi, dice en su obra Las Revelaciones de la Meca: “La gente de Perfección es la que, pendiente de su respiración, se hace guardián del Tesoro de sus corazones. Dejemos que la consciencia en la respiración se quede de guardián y no deje entrar a ningún extraño. El Tesoro del Corazón es la Biblioteca de Allah. No permitáis que entren los pensamientos que no sean del Amado”.

En la vía espiritual del Sufismo se le da una gran importancia a la respiración y a ser conscientes de ella en todo momento porque, en haciéndolo, mantiene consciente al hombre y le hace despertar en el aquí y ahora integrado en la Creación. El sufí es el hijo del instante, en árabe ibn-ul-waqt, o esclavo del momento, abdul-waqt, porque en cada instante su corazón está en el recuerdo de Allah, con pleno sometimiento a Su Voluntad y, por consiguiente, en completo equilibrio y armonía con la Creación.

La vida es hálito y el hálito es vida. Todo lo que tiene vida respira. Todo en la existencia respira, todo vibra y late en un acto amoroso de expansión y de contracción: los pulmones y el corazón en su latir, las emociones, los sentimientos, la célula, el día, la noche y la crisálida en su proceso de convertirse en mariposa. Dice Allah, Glorificado y Exaltado sea en su sagrado Libro: Por el día cuando transpira...”. Y Allah no emite un juramento por cualquier cosa, sino por que cuando jura lo hace con profundos significados y en el respirar del día se esconde un gran secreto de la existencia.

La vida entra en el cuerpo en cada inspiración y, así como el feto respira a través del vínculo de su madre, también el ser humano está ligado al Hálito del Principio Creador, respirándoLo.

Los métodos de curación sufíes han dado más importancia a la respiración que a otros elementos de la vida, porque la vida está comprendida entre el primero y el último aliento. La respiración es el nexo entre nosotros y el Creador. La esencia de la respiración es el hálito.

Este aliento no es aire u oxígeno; es una energía sutil y su origen como todas las cosas es divino. La respiración es una sustancia luminosa, un rayo de luz, es la Fuerza de Allah.

La respiración comprende el ciclo de la inspiración y la espiración y nos recuerda en ese acto los estados de expansión y de contracción del espíritu. El equilibrio de este ciclo respiratorio afecta al cuerpo, a la mente y al espíritu. La respiración es responsable de dirigir los divinos atributos al corazón y es también responsable del punto de encuentro entre lo consciente y lo inconsciente, entre lo físico y lo psico-emocional, entre el ego y el espíritu.

Esta respiración consciente está estrechamente ligada al recuerdo de Allah, el dhikr, por lo que el ideal del sufí es mantenerse en el constante recuerdo de su Creador. En cada respiración se pronuncia uno de los nombres deAllah, de tal modo que los atributos divinos descienden a la mente, a la lengua y al corazón del que invoca.

Concretamente, la tariqah Naqshbandiya basa la vía del Sufismo en la respiración, ya que es el puente que integra el cuerpo y el ego; al quemar las impurezas del ego, el corazón se abre permitiendo contemplar el espíritu del creyente y las luces del Espíritu Creador.

Por esto tenemos que reconsiderar el modo en que respiramos el cual suele ser bastante deficiente y dar la merecida importancia a la calidad y cantidad del aire que inhalamos, pues, como decíamos arriba, la respiración tiene un efecto directo sobre la salud psicofísica y espiritual. El Aliento Misericordioso, Nafs Ar-Rahmani, es transportado en la respiración.

Gracias a la comprensión de esta alquimia espiritual, la persona se unifica con el Todo, cambiando su percepción sobre la respiración, pasando de ser el protagonista que respira, al que acepta ser respirado por el universo, y, en última instancia, a ser respirado por el Universo, es decir, por Allah. En cada inspiración se inspiran los atributos de Allah y en cada espiración éstos son devueltos a Él. En este sentido es más importante el acto de la inspiración que el de la espiración, ya que la inspiración nos da la vida y la espiración es entrega a Allah de lo vivido. Consideremos que en cada acto respiratorio nos acercamos más al final de nuestras vidas (expiración), sirviéndonos esto de reflexión sobre el sentido de la vida y de la muerte y prepararnos para el último instante de nuestra vida.

2. La respiración en el Islam y en el Sufismo

Decía el sufí Abu Yazid al-Bistami (m. 874): “Para el gnóstico, el verdadero culto es la respiración”. Y Abu Bakr ash-Shibli (m. 945) comenta: “el Sufismo, Tasawwuf es el control de las facultades y la observación de la respiración”. En la orden sufí naqshabandiya, la respiración es un elemento capital en la vía de transformación espiritual. Su fundador Bahauddin Naqshaband (1317-1389), comenta: “Esta escuela está construida toda ella sobre la respiración. Por eso es un deber para todos los buscadores ser conscientes de la respiración cada vez que inspiramos y espiramos”. Esta es la primera de los once principios en que se fundamenta el trabajo de esta orden. La expresión farsí hush dar dam significa consciencia de la respiración’ y es una de las técnicas más potentes para llegar a desarrollar una consciencia interior.

Se dice en un versículo del Corán: “Aquel que dio principio a los cielos y a la tierra, cuando decreta algo, le basta con decir: ¡Sé! y es (Kun faYakun) (2:16). Y: "En cada respiración, Allah crea mundos que Le glorifican día y noche". “E hizo (Allah) que su descendencia se produjera a partir de una gota de agua insignificante. (Luego le dio forma e insufló en él parte de Su espíritu. Y os dio el oído, la vista y el corazón 32:7), “...” (33:7), “Y cuando le haya dado forma (al ser humano) y haya insuflado en él parte de Mi espíritu...” (38:71). "El es el Quien os creó a partir de un solo ser (nafs)...” (6:99). “Verdaderamente Jesús, ante Allah, es como Adam. Lo creó de tierra y luego le dijo: ¡Sé¡ Y fue” (3:58).

3. Al principio era el Aliento. El Aliento hace la creación y, por consiguiente, crea al hombre (nafs)

Allah hizo la Creación por desbordamiento de amor. Su Aliento Misericordioso Kun (‘hágase’, ‘sea’) es el Sonido Primordial, que dio lugar a la Creación. En cada respiración el ser humano se une a esa energía. Este aliento del hombre es espíritu vital, se expande y contrae y forma parte del Aliento del Misericordioso.

Al respirar conscientemente, absorbemos sustancias energéticas sutiles que están en el aire. El aire que respiramos sirve para despertar los centros sutiles energéticos del cuerpo; estos centros sutiles, que se conocen en el Sufismo con el nombre de lataif, son cinco y se distribuyen a lo largo del cuerpo y actúan como transformadores de la energía espiritual.

Existe una relación estrecha entre el aire y el espíritu, lo que los hindúes llaman prana y los chinos chi. Por esto muchas lenguas vinculan con una sola palabra aire y espíritu. En árabe la palabra ruh nombra a la vez espíritu y soplo vital; por otro lado, respirar en árabe es nafas y personalidad esnafs, es decir, el yo experimentador, carácter, ego o alma. Pues como se dice en el Corán: “Allah creó el universo a través del Hálito del Misericordioso; es el soplo mediante el cual Allah da la vida y transmite el espíritu (ruh) al cuerpo.

En la meditación sufí (dhikr) es decir, en la pronunciación de los nombres de Allah–, los atributos divinos fluyen por todo el cuerpo gracias a la respiración. En la inspiración, la mente piensa y visualiza el nombre del de la invocación, dhikr; la lengua lo pronuncia estando ésta conectada íntimamente con el corazón físico, mientras que el corazón envía sangre por las arterias al cuerpo en cada movimiento sistólico de contracción, llegando a toda célula el efecto purificador de la meditación y eliminando lo tóxico y sacando de lo vivo lo muerto. Pues como dice un versículo delCorán: “No veis como de lo vivo Allah saca lo muerto y lo muerto de lo vivo”. Al hacer dhikr, las células “despiertan” reconociendo a su Creador. El corazón intuitivo Le reconoce como único Señor y Único Creador de los Mundos.

Es entonces cuando el cuerpo se “espiritualiza” y, por lo tanto, se “ilumina”. Al sufí persa Ibn Hassan an-Nuri se le veía iluminado cuando hacía dhikr; su nombre an-Nuri significa el iluminado. El Shayj marroquí Muhammad ibn al Habib había incorporado en su vida cotidiana el hábito de pronunciar en cada aliento el nombre de Allah e incluso durmiendo se le escuchaba decir ese nombre. En cada pronunciación, toda célula se orienta (se “enquibla”) hacia Allah, porque en cada célula permanece el recuerdo de su naturaleza esencial y la el Aliento del Misericordioso (Nafas ar-Rahmani).

4. Inspiración, espiración y expiración

La presencia de Allah se manifiesta mediante lo que podríamos llamar la “respiración universal”, es decir el Hálito del Misericordioso, mediante el cual, Él Crea y Re-Crea, pues el proceso de Creación no ha cesado desde el “primer instante creador”.

Los pulmones son el órgano que establece la función del primer vínculo entre el niño y el mundo exterior en su vida intrauterina. Respirar es viviry constituye el contrapunto del morir. El miedo paraliza el flujo natural de la respiración y produce bloqueos energéticos y causa enfermedades psicosomáticas.

La inspiración nos reconecta con la energía del universo; es un dejarse morir, un entregarse generosamente a Allah en cada aliento. Sin embargo, en la entrega del aliento subyace la vida y, cuanto más abandona el ego la obsesión por la manipulación, más vida se genera. La respiración en la Medicina Musulmana tiene una gran importancia en la salud, pues es la que crea el equilibrio y armonía de los temperamentos en el cuerpo. Regula la alegría, la tristeza, la rabia, los celos y demás emociones. En el tratamiento se considera el efecto que puede causar el medicamento en la respiración.

5. La fase de inspiración

La vida dura el tiempo que va desde la primera inspiración a la última espiración; a esta última se la conoce como expiración, es decir, morir, expirar.

La primera inspiración del recién alumbrado es comenzar a vivir y la vida es expansión, movimiento y calor; pero además es comenzar a morir. También es separación de la madre por la ruptura del cordón umbilical,mediante la cual adquiere el recién alumbrado individualidad y autonomía como ser único. Nacer es alejarse del Origen pero, al mismo tiempo, es ir consumiendo el número de respiraciones que tenemos asignadas antes de regresar al Creador. Por todo esto, los sufíes antiguos lloraban cuando veían nacer un nuevo ser, porque comprendían profundamente el dolor que la separación de Allah conlleva, aunque también sabían la necesidad de este proceso de separación para vivir el “re-encuentro” con el Creador y la recompensa que la criatura obtiene en desvelamientos y comprensión queAllah Le regala por su esfuerzo en la consecución de esta “reunión”. Con la inspiración actualizamos los atributos divinos llevándolos a los centros de la mente, del cuerpo y del espíritu. Abrirse a la respiración y recibir el hálitoes recibir la vida, porque el hálito es espíritu viviente. Bloquear la respiración es negación de la vida, es cobardía y miedo a vivir.

6. La fase de espiración

La espiración es contracción, entrega, abandono, aceptación. Es aceptar la muerte de las impurezas del yo (nafs). Contener el aire es temor a abandonarse, es egoísmo al retener algo que no nos pertenece. Es, en última instancia, temor a la muerte y miedo a lo desconocido; es sufrimiento por aferrarse al mundo del apego y de la ilusión. El último suspiro es abandono de la vida en el plano físico y retorno del espíritu hacia el Originador de los Mundos. Espiración es aceptación de la muerte sin poner resistencia. También es deseo anhelante por el encuentro con el Amado. Dice el Corán:"Toda alma probará la muerte". El espíritu no morirá, pero la muerte del cuerpo dará un sabor de muerte al espíritu cuando éste se separe del cuerpo.

7. La fase de apnea

Pero la meditación más importante no es en la inspiración ni es la espiración, es la conciencia en la apnea parada momentánea respiratoria, porque es la barrera o barsaj entre lo vivo y lo muerto, entre este mundo (el mundo del espacio-tiempo y de las densidades mulk) y el otro (el mundo de los espíritus, de los ángeles, de los entes luminosos malakut–). La apnea es la separación y diferenciación entre la inspiración y la espiración y el hombre es un “interespacio” barsaj, entre su Creador y la Creación. La inspiración y la espiración no pueden mezclarse se está inspirando, espirando o en apnea, como tampoco pueden mezclarse la vida y la muerte –se está vivo o se está muerto. Un versículo del Corán dice: “Ha dejado que los dos mares se encuentren libremente”, “entre ambos hay un espacio que no traspasan”. Y también: “El es Quien ha hecho confluir los dos mares, uno dulce y agradable y otro salado y salobre. Entre ambos puso un espacio intermedio y una barrera infranqueable”(25;53).

Dice Ibn al-Arabi: "Todo lo que está en la tierra cambia de un estado a otro. Así, el mundo de las respiraciones cambia en cada respiración". "Permite esta realidad que alguien pudiera permanecer en un estado durante dos respiraciones o dos momentos".

La consciencia en la apnea es unión o re-unión con nuestro ser y por lo tanto encuentro en Allah.

Por todo lo anterior expuesto podemos decir que entre la inspiración y la espiración existe un secreto que espera ser desvelado por el ser humano y, para desvelarlo, tiene que observar la apnea, recordando en todo momento a Allah.

8. Relación entre lo divino y lo humano a través de la respiración y el dhikr de Allah

Cada letra del alfabeto árabe tiene asignada una relación entre lo divino y lo humano. Es en el cuerpo y en el corazón donde los atributos divinos se estimulan a través de la recitación del Sagrado Corán o en la repetición de los nombres de Allah. Una de las múltiples formas de recordar a Allahpuede ser: "Hasbunallahu wa ni´amal wakil" Allah me basta y Él es mi mejor Guardián”; repetido 73 veces, purifica el yo de lo que le turba, fortalece al sufí y es aliento y pura compasión para quien lo repite. Es undhikr para los momento de crisis.

9. La recitación del Corán (discriminación y discernimiento)

“Y con el Corán hemos hecho descender una cura y una misericordia para los creyentes” (Corán, 17, 82).

La recitación del Corán es cura en sí misma; su práctica de recitación conlleva unos tiempos respiratorios definidos, que junto a la dicción correcta de sus palabras emitidas en esta recitación provoca unos efectos transformativos energéticos profundos y de absoluta perfección. Cada palabra del Libro Generoso, cada aleya posee un significado emanado directamente de la “Fuente”, que transciende la temporalidad (palabra deAllah eterna, no creada) y que posee en sí misma siete niveles o planos de comprensión y de efecto transformador.

Se podría decir, en términos absolutamente alegóricos, que el Corán, su recitación, es la “Sinfonía Perfecta”, la “Sinfonía del Universo”, la “Sinfonía del creyente sometido en el Universo”. La Recitación da pleno reconocimiento y sometimiento a Quien, en su infinita generosidad, regaló al hombre el conocimiento de Su Palabra Perfecta para que con ella aprendiera a respirar en adoración completa a Él debida y se liberara así de todos los yugos y padecimientos que el velo de la ignorancia le acarrea.

Más información en otros artículos:

Psicoterapia Respiratoria (aprender a respirar)


jueves, enero 27, 2011

El poder del aquí y ahora y la visión del futuro

Por Carlos Velasco Montes. Psicólogo
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La espada como símbolo del presente, pasado y futuro
Para expresar el presente, el pasado y el futuro, emplearé el símbolo de la espada como metáfora del tiempo, ésta nos facilitará la comprensión del misterio de la vivencia del presente y de cómo el pasado puede condicionar nuestro presente y futuro.

El filo de la espada simboliza el presente, uno de los lados, el pasado y el otro lado, el futuro. Los tres tiempos cronológicos están contenidos en la espada. Tanto el pasado como el futuro están bien determinados en la hoja de la espada, pero, ¿dónde acaba el lado del sable para dar comienzo al filo sin que se llegue al otro lado? ¿Dónde está el límite del pasado y donde comienza el futuro? En realidad, ni el pasado ni el futuro están sucediendo en el presente, porque no son el presente, lo único real es el instante del ahora; como lo único que corta de la espada es el filo. El pasado lo fue y el futuro aún no está aconteciendo; por tanto, el pasado y el futuro no están existiendo.

Nuestra vida es un interespacio entre el primero y el último hálito; una vida que se va formando de continuos presentes, haciéndose en cada instante. Se dice que el sufi es el hijo del instante. La vida es el instante, pues aunque recordemos el pasado o planeemos el futuro, esa acción de recordar y de planificar no se está haciendo en el momento actual. Es en el presente donde tenemos la posibilidad de cambiar nuestra existencia, nuestro carácter, nuestra personalidad, nuestros hábitos; en definitiva, de vivir. Si soy consciente de mi respiración, sintiendo el aire cuando entra y cuando sale, y de lo que acontece en cada instante, entonces seré más consciente del Aquí y el Ahora, permitiéndome retornar a mí mismo, a mi mismidad; tan sólo necesito fuerza de voluntad para hacerlo.

La espada es símbolo de libertad, de justicia y de valentía, entre otros significados. Empuñar la espada precisa coraje (“corazón” viene del latín cor ‘corazón, núcleo, centro’; “coraje” es atreverse a actuar con valentía desde el corazón). Necesitamos coraje para vivir el presente y limpiar el pasado, necesitamos coraje para enfrentarnos –desde lo que realmente somos– al futuro; a un futuro recolector de una cosecha fructífera. También debemos preparar el terreno para el último destino después de la muerte, ya que hay que vivir como si fuésemos a morir hoy mismo y aprender a morir como si fuésemos a vivir eternamente. Somos seres de paso, sí, pero de paso para vivir el Aquí y el Ahora, disfrutando de la vida, mirando a un futuro prometedor. ¿Cómo quiero vivir?

Se puede conocer el pasado y liberarse del sufrimiento conociendo las intenciones o actitudes más profundas que pulsan dentro de cada uno; para ello tendremos que bucear en el Inconsciente. Somos el resultado de la calidad de nuestras intenciones, cosechando según la calidad de la siembra. La intención sincera es semilla que fructifica.Soy responsable de lo que he hecho o no he querido hacer en mi vida. De todas las vivencias que he tenido, todas ellas dejaron grabaciones en mi memoria y en mi cuerpo, condicionando el presente el modo en que me relaciono conmigo mismo y con el mundo. Estas pautas de comportamiento, con sus aciertos y errores, son rutas habituales que condicionan mi modo de ser en el mundo. Son los comportamientos automáticos, condicionamientos, huellas que he grabado en mi memoria y que voy repitiendo a cada paso.Mi pasado personal está actuando en el Aquí y Ahora al repetir los programas del ayer. Pero el objetivo es vivir el instante para no ser afectado por la programación de los conflictos de un pasado.

Vivir el momento, el eterno presente; es retornar a uno mismo, a la esencia
Vivir el presente es estar en una dimensión fuera del pasado y del futuro, vivir el instante es puro conocimiento y sabiduría.Nuestra forma de estar en el mundo es vivir el Aquí y Ahora, porque es donde llueven las señales desde el cielo, es lo único que podemos hacer en esta vida, vivir el presente decodificando las señales que descienden. Todas las señales descienden acorde a las circunstancias, todas ellas dependen de un plan perfecto. Nuestra misión es decodificar las señales, pues son indicaciones para el hacer, según las circunstancias del momento.

Leer las señales es leer la verdad que está pasando en estos momentos; cuando pierdo la capacidad de leer las señales, aparece el egoísmo y meencierro en el habitáculo de mi ego.El órgano que interpreta las señales que descienden del cielo a la tierra es el corazón, el cual actúa como un decodificador de señales, algo similar al circuito decodificador de un televisor que traduce las señales que le llegan del aire en señales visuales en la pantalla. Este circuito decodificador del televisor tiene esa propiedad de leer las señales y de interpretarlas. El corazón del ser humano tiene la facultad para interpretar las señales que le llegan del cielo, no es la mente mecánica con sus programas la que decodifica estas señales.

Viviendo el instante, es cuando adquirimos conocimiento; no lo adquirimos viviendo el pasado, porque el pasado ya sucedió, ni tampoco adquirimos conocimiento en el futuro, porque el futuro aún no se ha dado.

Si te preguntas, ¿qué hago en este momento? Nada en especial, simplemente hacer lo que ha sido decretado para ti en ese mismo momento. Aceptar lo que viene en cada momento es aceptar el destino; aceptación es amor. Si aceptamos, las cosas se facilitan y nuestras capacidades se despiertan. Nuestra actitud en el momento es un estado de alerta, sin juzgar, simplemente observando desde la consciencia. Viviendo el momento, la armonía se manifiesta y se dispersa el sufrimiento.

La visión del futuro
Soy un ejecutor de acontecimientos que suceden en el presente, ejecuto eslabones, engramas de un plan futuro. Me adentro en el futuro interpretando los signos que aparecen en mi vida cotidiana, especialmente los imprevistos, es decir, todo aquello que no entra en mis expectativas. En la planificación del futuro tengo que descubrir cuáles son mis potencialidades y mis límites reales. Tengo que considerar cuáles son mis prioridades y ver el condicionamiento que hay en mi Inconsciente.

Se te ha dado la felicidad en lo más profundo de tu corazón. Si no eres feliz, bucea en el Mar de los Sargazos de tu interior, sin temor a los monstruos marinos que habitan en las profundidades de esa oscuridad. Despójate de tus formas artificiales de pensar y de sentir y rescata la forma original que mora en ti.

7 claves para meditar
¿Qué relación tengo con el tiempo?
¿Me alío con él?
¿Saboreo los sucesivos instantes de mi vida?
¿Hago caso de las señales que descienden del cielo?
¿Temo pararme y contemplar lo que se da en cada instante?
¿Tengo miedo a la muerte y al después de la muerte?
¿Qué quiero hacer en lo que me queda de vida?

El poder del aquí y ahora y la visión del futuro

Por Carlos Velasco Montes. Psicólogo
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martes, enero 11, 2011

Heidegger y el ser para la muerte


Heidegger y el ser para la muerte

L. Heidegger en Ser y Tiempo retoma el problema de ser, que él mismo define como el problema no resuelto de la metafísica en cuanto olvidado o tal vez transformado en no-problema.

Ser y Tiempo comienza con un análisis preparatorio referido al ser del hombre, el “ser-ahí”1, en cuanto «[…] ente al que hay que preguntar sobre su ser con fundamental anterioridad»2. Este análisis parte de la mediedad, es decir del conjunto de los modos de ser reales y posibles del ser del hombre, que se caracteriza por encontrarse delante a un complejo de posibilidades que no necesariamente se realizan. Esta es la idea de la existencia del hombre como “poder ser”.

El hombre está en el mundo siempre como un ente que se proyecta en posibilidades propias suyas. Corresponde, por lo tanto, al “ser-ahí” la elección de una existencia auténtica o inauténtica. En primer lugar, y la mayoría de las veces, el “ser-ahí” está en el mundo del que se ocupa. La ensimismación-en tiene el carácter del extravío en la que el filósofo define como la publicidad del “Se” donde dominan la palabrería, la curiosidad y el equívoco. Esta es la existencia inauténtica en la que el Ser-ahí tiene la impresión de «comprenderlo todo sin previa apropiación de la cosa.

De todos modos, en cuanto siempre arrojada en el mundo del “Se”, la existencia es siempre originariamente inauténtica. Por lo tanto, es constitutiva del “ser-ahí” la deyección, es decir la caída en la mentalidad del “Se”.

Contrapuesta a la inautenticidad está la autenticidad que es ofrecida por la posibilidad del Ser-ahí de elegirse, de conquistarse.

Auténtico es, para Heidegger, el “ser-ahí” que se reapropia de sí proyectándose en base a la posibilidad más suya.

Para una interpretación del ser del “ser-ahí” originaria que implique la autenticidad, resulta necesario plantear «[…] la cuestión del ‘poder ser total’ de este ente [en el cual] […] mientras es, falta en cada caso aún algo que él puede ser o será»4: la muerte. Ahora, la consecusión por parte del “ser-ahí” de la totalidad mediante la muerte implica la perdida del ser del “ahí”, es decir de la existencia. El “ser-ahí” está, por lo tanto, imposibilitado de expresar el pasaje al “no-ser-ahí-más”. Por este motivo, parece importante la muerte de los Otros que permitiría una visión “objetiva” del fin del “ser-ahí”. Así, la muerte aparece como el fin del ente en cuanto “ser-ahí” y el inicio de este ente como simple presencia. Pero esta interpretación es falaz, según Heidegger mismo, en cuanto el “difunto” continúa siendo objeto del “ocuparse” en el sufrimiento y en el pensamiento de los que quedan. Por lo tanto, la muerte se revela como una pérdida en la que: “No experimentamos en su genuino sentido el morir de los otros, sino que a lossumo nos limitamos a ‘asistir’ a él”.

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Saber asumir la muerte también forma parte de la vida Reflexionar sobre la muerte para «vivir mejor» ha sido el objetivo del curso «Acerca de la muert


Estimados compañeros de viaje.
Con motivo del taller EL ARTE DEL BUEN VIVIR, que se dará en ese centro el fin de semana de febrero, os envío este artículo que puede ser de vuestro interés.
Saludos Carlos Velasco


http://www.webislam.com/?idt=17170

Los muertos gobiernan a los vivos», reflexionaba el filósofo francés Auguste Comte. Y es que por mucho que Federico García Lorca dijera aquello de que «como no me he preocupado de nacer, no me preocupo de morir», el final de la vida está presente en el ser humano a lo largo de toda ella. En la capital donostiarra hablaron sobre ello en agosto, en el marco de los Cursos de Verano de la UPV-EHU, y allí se escucharon alusiones no sólo sobre cómo morir sino cómo aprender a sufrir. «El sufrimiento forma parte de la vida», recordó el sicólogo y sicoterapeuta Roberto Álvarez Gómez, para quien «el problema de la sicología del siglo XXI es que se quiere negar el sufrimiento».

Ante una muerte o pérdida de un familiar se produce el duelo. Aquí intervienen factores culturales o de la propia personalidad que determinan cómo cada individuo afronta los acontecimientos dramáticos. «De pronto la seguridad de la persona se ve amenazada y se pregunta: ¿Qué sentido tiene vivir?», expone. El conflicto, asegura este experto, es no saber cómo actuar ante el trauma y pueden aparecer mecanismos como la ansiedad o la depresión. Así, señala que «la emoción básica es la tristeza y soportar que nunca nada será igual».

Cuando se produce una pérdida familiar traumática y repentina, «los sentimientos quedan en el interior y resulta difícil exteriorizar nada. La negación del sentimiento es otro mecanismo natural de defensa, aunque el estancamiento en esta fase del duelo provoca aislamiento, impotencia y agresividad», considera.

Como principio general, el sicólogo aclara que «hay que ayudar a que la persona se haga cargo de su dolor». El duelo es algo natural, humano y necesario, dice. «Comprender y reconocer el sufrimiento ofrece una posibilidad a la persona», insiste. La rabia o la agresividad son también mecanismos de defensa que desplazan el sufrimiento sano. El experto recalca que no hacer resistencia, dejarlo fluir o rendirse ante lo inevitable ayudan a no hacer el dolor y el sufrimiento más grande. El sentimiento de pérdida se debe aceptar «viviendo por homenaje al ser querido» y muriendo «con sentido».

Pero sobre la muerte y sus circunstancias sabe mucho otro de los invitados al curso, Marcos Gómez, de la Unidad de Cuidados Paliativos del Hospital Doctor Negrín de Las Palmas. 16.000 muertos ya a sus espaldas y aún no se acostumbra del todo. Afirma rotundamente que es falaz que los médicos no se impliquen y se muestren fríos ante la muerte. «Los facultativos también sufren con los enfermos porque son humanos», defiende a sus colegas.

Morir, «única forma de descansar»

Lo más importante es facilitarle la agonía al enfermo. Hay que interesarse por sus necesidades religiosas y espirituales

Con toda esta experiencia, el doctor Gómez sabe lo que dice. «Lo más importante es facilitarle la agonía al enfermo, que bastante tiene con su sufrimiento. Hay que interesarse por sus necesidades religiosas y espirituales, y también hay que escuchar sus últimos deseos», insiste, sin olvidar el error que supone posponer la reunión con la familia hasta el momento crucial, porque para entonces, asegura, aparecen el estrés, el shock y otro tipo de contrariedades que dificultan analizar la situación con la debida calma.

«Los familiares deben autorizar al enfermo a morir», tiene claro. Ha conocido casos en los que éste había aceptado su muerte con naturalidad y los familiares aún seguían en fase de negación. Y no duda en defender la presencia de la familia junto al enfermo cuantas veces crea. Al fin y al cabo, en sus últimos días, necesita menos a los médicos que a los familiares, «por razones obvias».

Respecto al propio moribundo, Marcos Gómez reconoce que éste pide bien poco: «Una mano amiga a su vera». Hasta cierto punto, el enfermo es quien decide cuando morirse. Intenta buscar su momento de paz en esos últimos días.

Siempre se dice que no hay cosa más triste que morir solo, sin nadie que simbólicamente recoja el testigo. Y sin embargo, el ponente cree que tampoco hay que abrumar al paciente con miles de visitas interminables de gente que aparece por compromiso.

A su juicio, hay que buscar el equilibrio entre «la miseria de morir solo y la miseria de no tener el espacio necesario para morir». Y es que, se apresura a apuntillar, «morir requiere su intimidad».

El enfermo sabe que los demás no sabemos nada de lo que está padeciendo. «Ahora es él quien lo sabe todo, no el médico». No vale, pues, el paternalismo ni la empatía falsa. «Hay que aceptar que no podemos entender ni saber por lo que está pasando, por mucho que lo intentemos». Después de toda una vida trabajando entre enfermos terminales, el doctor Gómez no duda: «A veces la muerte es verdaderamente la única forma de descansar».

En definitiva, que «si alguna estación tiene el viaje de la vida es la muerte», subraya como colofón el doctor Gómez, quien cree positivo interiorizar que el tiempo en la tierra es «limitado» y que cuanto mejor uso se haga de él, la vida será «más completa y feliz», porque «lo urgente no eclipsará lo importante».