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lunes, febrero 09, 2009

CUERPO FÍSICO Y CUERPO MÍSTICO EN EL ARTE ORIENTAL en las Actas de las II Jornadas de Arte Moderno y Contemporáneo de Alcalá de Guadaira, Sevilla

Publicadas las Actas de las II Jornadas de Arte Moderno y Contemporáneo sobre el cuerpo en el arte, organizadas y publicadas ahora por el Ayuntamiento de Alcalá de Guadaira, Sevilla, y dirigidas por Francisco González-Camaño, donde entre otras ponencias, se publica nuestro texto sobre el CUERPO FÍSICO Y CUERPO MÍSTICO EN EL ARTE ORIENTAL (cuyo borrador puedes leer haciendo clic aquí).

Adenda del 16 de febrero:

Hola, Francisco.

Buena ponencia la que escribiste para el las jornadas de Alcalá sobre el cuerpo. A Ángeles también le gustó.
Quedaron unas actas de ponencias bien variadas, siendo todas ellas interesantes, un buen trabajo. Valoro vuestra audacia al dar cabida a visiones tan diversas.
Gracias y enhorabuena a ti y al Ayuntamiento de Alcalá de Guadaira,

Joaquín

jueves, octubre 18, 2007

y Apunte 15,SANTOS DE CARNE Y DIOSES DE PIEDRA (Cuerpo físico y cuerpo místico en el arte oriental)


Se cuenta que cuando los jesuítas llegaron al Tíbet a difundir el cristianismo, le decían a los lugareños que Cristo murió y resucitó al tercer día y ascendió a los cielos. Los tibetanos comentaban: “Eso está muy bien, también es costumbre en este país”. Por supuesto no bromeaban. Aceptaban la grandeza de Cristo, pero al mismo tiempo manifestaban la abundancia de relatos de portentos que existe en el Tíbet, al igual que ocurre en la India.

En la India concepto o la figura de Dios encarnado es algo relativamente frecuenta: recibe el nombre de Bhagavan. Sólo en los tiempos recientes pueden mencionarse algunas de estas personalidades cuasi unánimemente aceptadas en el país como encarnaciones divinas: Ramakishna, Ramana Maharshi y Anandamayee Ma.

Al estudiar la llamada cultura de Mohenjo-Daro, la civilización más antigua de la India, que data del tercer milenio a.C, los arqueólogos se sorprenden de dos aspectos en cuanto a la espiritualidad de sus habitantes:

1º Las ruinas de las ciudades carecen de templos reconocibles como tales, y

2º No hay imágenes reconocibles como dioses a excepción de unos pequeños sellos que supuestamente representan a Siva Pasupati, o señor de las bestias, que adopta una posición yógica clásica. También hay terracotas, difícilmente identificables como dioses, pero que igualmente adoptan conocidas posturas de Yoga.

La explicación de estas singularidades históricas puede explicarse por el fenómeno de las encarnaciones divinas que hemos mencionado. Cuando se puede ver y escuchar a Dios mismo hecho carne, no se precisan ni templos ni imágenes sagradas, por mucho que se las respete o venere. Suele acontecer que, cuando muere uno de estos seres divinos, es cuando comienza a construirse los templo y los santuarios en su honor, para comenzar los que albergan sus reliquias. Y allí, disuelto el cuerpo, reducido a huesos y ceniza, es donde se crean las imágenes que retratan al personaje divino en alguna de las poses características que lo animaban. Recientemente es lo que ha pasado con las personalidades de la India que hemos citado. Históricamente es lo que sucedió con, por ejemplo, Mahavira o Buda.

Finalmente no es el propio Buda histórico lo que se venera en su imagen, sino su postura física y sus gestos característicos, de modo que en esa misma posición se venera a otras personalidades que le suceden en su linaje.

Esto nos recuerda lo que decía Aristóteles respecto al alma, que es, según el filósofo ateniense, la forma del cuerpo, y podríamos decir que también las posiciones y las figuras que adopta. Alma o ánima es lo que anima, lo que da movimiento al cuerpo, es también lo que podríamos llamar cuerpo místico lo que da vida a las personalidades sagradas que las imágenes del arte oriental retratan, que cada cual puede figurarse en la mente o realizar con su propio cuerpo, el movimiento interior y sutil de los budas o Shiva en su danza.

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Este escrito es parte del borrador de la conferencia ofrecida en las II Jornadas de Arte Moderno y Contemporáneo sobre el cuerpo en el arte, organizadas y publicadas por el Ayuntamiento de Alcalá de Guadaira, Sevilla

lunes, octubre 15, 2007

Apunte 14, EL MUDRA UNIVERSAL (Cuerpo físico y cuerpo místico en el arte oriental)

Los mudras no sólo son los símbolos o gestos que se hacen con las manos, sino que pueden ser realizados con todo el cuerpo. Los mudras no son exclusivos de oriente sino que están presentes y han sido reatreados en numerosas culturas. Esculturas adoptando mudras hay en la América Precolombina y en la Europa Antigua, pero ha sido en Oriente, particularmente en India donde se los ha estudiado y desarrollado con mayor profundidad.

Hoy en día suele traducirse el término mudra como “gesto”, pero en sánscrito literalmente significa “lo que da la felicidad”. En los antiguos tratados de Yoga suele llamarse asanas a las posiciones sentadas (que es lo que originariamente significa la palabra) y mudras a las otras posiciones, y a algunas posiciones sedentes también. Los mudras son símbolos que se realizan con el curpo para transmitir un mensaje a la mente. Son como iconos. Se podría decir que se trata de un lenguaje corporal espontáneo. Por ejemplo, el campeón eleva los brazos en signo y en manifestación de alegría y victoria. Según los psicólogos, también el niño feliz pinta sus monigotes con los brazos felizmente en alto. Además del mudra consistente en levantar los brazos en la teoría del Yoga se comprende muchos otros que suelen llevar el nombre del objeto cuya cualidad se pretende expresar: el árbol, la montaña, el héroe, el león y, sobre todo, el más célebre: el loto.

Se podría decir entonces que cualquier gesto espontáneo del cuerpo es un mudra. Sin embargo éstos corresponden sólo una determinada gama de posiciones físicas. Al igual que cualquier gesto espontáneo del cuerpo, los mudras son manifestaciones del grado de evolución espiritual de la persona. Pero, al mismo tiempo, estas manifestaciones son o pueden ser una enseñanza que los dioses, los sabios o los visionarios transmiten para que quien los aprenda y realice, pueda comunicar esta evolución a su propia mente. Para lo que al arte en concreto interesa, la simple visión de un mudra transmite ese mensaje.

El más afamado teórico del arte indio, A. K. Coomaraswami consideraba que el arte sagrado indio es o puede ser un Yoga. El fundamento teórico del Yoga respecto a los mudras es el siguiente: la mente mueve al cuerpo, pero también el movimiento del cuerpo y las figuras que adopta mueven la mente.

Se dice que los maestros de meditación Zen pueden o han podido leer en cierto modo el estado mental de los meditadores según sea la postura corporal que adopten.

Un detalle interesante del arte oriental es que sus figuras son muy dinámicas, parecen haber sido retratadas en un momento de su danza. No sólo me refiero a los dioses o patronos de la danza como Shiva Nataraja, sino en general casi todas las figuras parecen estar en danza o, cuanto menos, en movimiento. Incluso las figuras con múltiples extremidades, que suelen interpretarse de maneras diversas, pueden ser observadas como las pinturas del arte europeo contemporáneas que multiplicando brazos y piernas en una figura humana pretendían retratar el movimiento.

Mismo hasta las figuras sedentes como los Budas, en muchas ocasiones presentan un sutil dinamismo, cuando toca con una mano la tierra, poniéndola como testigo de su realización, mientras la otra ha quedado en el gesto de la meditación que le ha conducido hacia la comprensión. O igual con una palma en alto, signo del no miedo, o bien oferente en signo de don.

La danza, aunque pueda ser una manifestación individual, por lo común es un vehículo de expresión ante el público. En las danzas tradicionales de la India y de otros países de Oriente, los bailarines suelen adoptar mudras. La ciencia del Yoga, por su parte, pretende representar una danza sagrada (y en ocasiones inmóvil) donde el objetivo fundamental es la comunicación y comunión de la persona consigo misma, en concreto con el núcleo más esencial, y al tiempo universal, de si misma.


Ilustraciones: Avalokitesvara. Tíbet s. XVII. Posiciones de la danza clásica india.

Este escrito es parte del borrador de la conferencia ofrecida en las II Jornadas de Arte Moderno y Contemporáneo sobre el cuerpo en el arte, organizadas y publicadas por el Ayuntamiento de Alcalá de Guadaira, Sevilla

jueves, octubre 11, 2007

APUNTE 13, HOMÚNCULO: EL ALMA EN TUS MANOS (Y EL SIGNIFICADO DE LOS MUDRAS)


En los años cincuenta del siglo pasado el neurocirujano Wilder Penfield desarrolló un modelo de figura humana donde el tamaño de cada parte del cuerpo está en relación con la zona del epicórtex que lo maneja. Particularmente las manos de este homúnculo cortical en proporción son enormes, parecen cuerpos a unas manos pegados. No es que sean precisamente hermosos, pero sí ilustrativos de la importancia de las manos en nuestra inteligencia.


Gran parte de la capacidad sensorial y motora del córtex cerebral se ocupa del movimviento de las manos. El epicórtex es la capa más fina y la cubierta exterior del cerebro. Y es la capa que se desarrolló más reciente en la evolución de nuestra especie, por tanto es la más humana. Como se sabe, el ser humano es el único especimen entre los primates y, en consecuencia, entre todos los animales, con habilidad suficiente en las manos para manejar instrumentos de un modo preciso, es la disposición del pulgar la que determina la diferencia.

La relación entre las manos y la inteligencia posee un doble sentido: por la inteligencia se mueven las manos, pero también el movimiento y la sensorialidad de las manos mueve la inteligencia.

Las manos y sus gestos contienen un mensaje o simbología universal (consciente o no) además de poder constituir códigos convencionales, como lenguaje de signos.

Dentro de la filosofía tradicional de la India existen cinco elementos: tierra, agua, fuego, aire y éter. En la relación macrocosmos-microcosmos que establece en el ser humano un reflejo del Universo, encontramos estos cinco elementos:

Tierra en la base o suelo del tronco.

Agua en la zona media del vientre, donde se encuentra la vejiga.

Fuego en el ombligo, donde el calor gástrico cuece los alimentos, en India considerado plexo solar. También en el corazón que distribuye el fuego en el cuerpo

Aire en la región de los pulmones y garganta que inspiran y distribuyen y exhalan el aire en el cuerpo.

Y éter en la cabeza.

De nuevo en las manos encontramos la misma distribución.

El meñique corresponde al la tierra.

El anular al agua.

El corazón al fuego.

El índice al aire.

El pulgar al éter.

Las manos, como hemos dicho, presentan una simbología y un significado propio y universal. El dedo corazón se llama así porque en él comienza o concluye el meridiano que lo une con el corazón. El dedo índice representa al yo. Por eso es el dedo que levantamos para simbolizarnos. Es el dedo que corresponde al elemento aire o a la respiración en nuestro cuerpo, y la respiración ha dado nombre en griego (psique, neuma) o en sánscrito (atman) al alma. El dedo anular es el del anillo de compromiso y corresponde al bajo vientre, a la zona reproductora del cuerpo. El dedo pulgar corresponde al éter, en nuestro cuerpo la cabeza, en el universo lo más elevado: Dios.

A la luz de estos significados, podemos interpretar los gestos o mudras de las manos. El pulgar en alto significa afirmación, lo positivo, el acuerdo. Igual el índice con el pulgar: el ego en su unión con el Todo.

También las manos como conjunto presenta sus significados universales: la mano abierta hacia arriba significa amistad y saludo, transmite confianza. Abierta hacia abajo significa don o regalo. Ambas palmas juntas ante el pecho significa concordia.

Este escrito es parte del borrador de la conferencia ofrecida en las II Jornadas de Arte Moderno y Contemporáneo sobre el cuerpo en el arte, organizadas y publicadas por el Ayuntamiento de Alcalá de Guadaira, Sevilla


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domingo, septiembre 30, 2007

APUNTE 12, ACCIÓN Y PASIÓN EN EL LENGUAJE DE LAS ESTATUAS (Cuerpo físico y cuerpo místico en el arte oriental)

La representación del cuerpo humano en la escultura y la pintura tiene una relación íntima con la danza y con el arte actoral. Los bailarines y los actores procuran expresarse mediante las poses y los movimientos de su cuerpo.

En el apunte anterior se establecía la metáfora del nacimiento de la gramática para comprender la utilidad de comparar el arte plástico de Oriente con el de Occidente. La gramática no nace por el estudio de la propia lengua, sino por el contraste con un idioma extranjero o con una lengua antigua. Es la necesidad de estudiar una lengua extraña lo que nos hace reparar en las peculiaridades de la propia.

La representación del cuerpo humano tiene también su propio lenguaje. En el tipo de arte que estamos estudiando, tiene su propia gramática espiritual.

A este respecto, una de las preguntas que cabe hacerse en la figuración humana del arte pictórico y escultórico es: Aparte de a quién simbolicen o representen a alguien ¿qué hacen las estatuas y los personajes de las pinturas o dibujos? Particularmente ¿qué hacen con sus manos?

Para entender esta pregunta esto es un poco así como cuando a uno le piden que sea natural cuando van a filmarle o a fotografiarle. El retratado enseguida se plantea qué hacer, cómo colocar las manos o si se coloca de frente o de perfil, dónde mira, si sonríe o se pone serio. En el retrato escultórico o pictórico ocurre algo semejante, salvo que el artista está tanto o más implicado en el proceso como el retratado. Hay también una función identificativa. Esperamos que la figura resultante se parezca, simbolice o represente al retratado. Cuando el retratado es un personaje antiguo y cuya imagen se desconoce, o es un dios, se recurre a los símbolos que lo identifican. Mismo así persiste el asunto de saber qué hacen las figuras retratadas o representadas. La solución más fácil es que porten los símbolos que los representan. En Occidente: son la espada, la bola del mundo, la cruz o cualquier otro. Y en Oriente: son la rueda del dharma, el dorje o rayo, el tambor, el disco, el tridente, etc.

Pero no todo es acción en las figuras representadas. Otra manera de representar esos personajes es padeciendo. Para expresarlo con claridad: una figura humana en el arte o bien actúa o bien padece. Y no hay otra opción, salvo las yacentes que sueñan una noche o una eternidad. La pasión de los personajes en las esculturas y pinturas es abundante en Occidente y rara en Oriente. En Occidente la pasión de las figuras humanas representa su martirio, su sufrimiento o tristeza (como la piedad) o su éxtasis. En este caso se trata literalmente de representar un cuerpo cuya alma o espíritu ha salido, que es lo que significa la palabra éxtasis: estar fuera. Se supone que esta ausencia del cuerpo acerca al alma hacia algún plano más elevado, más cercano a Dios, cosa que en el lenguaje de los retratos suele representarse con un mirar arrobado hacia arriba, con una elevación de brazos o con las manos ante el pecho. El éxtasis es un fenómeno comprendido en Oriente, pero muy raramente representado en el arte. El arte oriental se caracteriza porque sus figuras actúan, aunque sea de un modo sutil, en ocasiones padeciendo al mismo tiempo, sin perder el porte sereno y ecuánime. En cualquier caso se trata de figuras nada extáticas sino plenamente habitantes del cuerpo.

Ilustración: Shiva Nataraja (Señor de la Danza), Dinastía Chola, Sur de la India, bronce del siglo XI. The Cleveland Museum of Art.

Este escrito es parte del borrador de la conferencia ofrecida en las II Jornadas de Arte Moderno y Contemporáneo sobre el cuerpo en el arte, organizadas y publicadas por el Ayuntamiento de Alcalá de Guadaira, Sevilla

miércoles, septiembre 19, 2007

APUNTE 11, EL CUERPO DIVINO EN EL MUSEO SAGRADO, (Cuerpo físico y cuerpo místico en el arte oriental)


La representación del cuerpo humano es un campo de estudios muy extenso. El mismo concepto de Oriente es difuso y puede englobar culturas muy antiguas, amplias y ricas como son la india, la china y la japonesa, entre otras. Para concentrarnos dentro de este campo, que en principio parece inabarcable, hemos elegido una perspectiva también grande, que es la relación que pueda haber entre la representación del cuerpo físico con lo que, en principio, hemos llamado cuerpo místico.

Nuestro objetivo en esta investigación no es traer noticias y datos de culturas exóticas, a modo de colección de curiosidades. Los aspectos del arte que procuramos comprender, como son la creación, la representación del cuerpo humano, la belleza de la obra y la contemplación de la misma son y han sido los mismos en cualquier tiempo y lugar. Sólo por motivos históricos y culturales, los planteamientos y las soluciones han sido diferentes.

Aunque prescindamos de la liza o competencia entre el mérito artístico de lo que llamamos Oriente y lo que llamamos Occidente, la comparación es inevitable. Es como cuando aprendemos un idioma: aprovecha comparar las gramáticas. Podemos ver las diferencias, pero también las similitudes. A lo que existe en todo tiempo y lugar, independiente de la coloratura local, lo llamamos propio de la naturaleza humana. Incluso queremos llamarlo "lo eterno".

Cuando los arqueólogos descubren alguna representación humana en un yacimiento, suelen interpretarla como la representación de algún dios o monarca. Y ya se sabe que en la antigüedad los reyes tendían a atribuirse cualidades divinas o casi divinas. Se entiende que modelar un cuerpo humano en barro, metal o piedra, incluso dibujarlo, era un lujo reservado sólo a los dioses y a los héroes y reyes cuasi divinos. Por ejemplo, las pinturas rupestres raramente pueden ser "escenas de caza" tal si los primitivos fueran burgueses decorando el salón de su casa. Como ha sido señalado por algún estudioso, es más verosímil que se trate de representaciones míticas o mitológicas.

La representación del cuerpo humano de características sacras o divinas encuentra su lugar natural en el templo. Sólo en la época moderna las figuras divinas o sagradas son trasladadas al ámbito civil y laico del museo.

Este traslado tiene un doble efecto de influencias recíprocas: Por un lado, la imagen pierde su significado religioso a cambio de un valor estético, pero, por otra parte, y al mismo tiempo, otorga una atmósfera sagrada al museo. (Hago un inciso para aclarar que menciono estos asuntos porque el arte oriental de que quiero ocuparme es, aunque no exactamente lo mismo, el equivalente al arte sacro en Occidente. En cualquier caso me refiero y me referiré a imágenes cuyo lugar es el templo.)

La influencia recíproca entre lo sagrado de las imágenes religiosas y lo profano de los museos va todavía más allá, pues toda vez que los museos están impregnados de la sacralidad de las imágenes, toda obra que se exponga en ellos adquiere un nuevo grado espiritual. Por su parte observamos cómo los templos cada vez más son contemplados como museos, son incluidos junto a los museos en los circuitos turísticos y, en suma, contempladas las imágenes por muchos sin devoción religiosa pero sí con curiosidad o deleite estético.

Estos fenómenos conviene observarlos con una mirada objetiva y exterior. Para establecer un símil, conviene observarlo del mismo modo que lo haría un antropólogo con una cultura desconocida. Una imagen sagrada, en realidad una representación del cuerpo humano, es objeto de devoción dentro de un templo. Las personas que la contemplan creen averiguar en ella algo divino o como símbolo de lo divino, le piden dones y milagros, profieren ante ella oraciones. Exactamente la misma figura o bien otra equivalente recibe otro trato por completo distinto en un museo (incluso por personas devotas). Se aprecia el mérito artístico, se pondera la factura, se disfrutan su belleza, se aprenden datos sobre su autoría, técnicas de creación y época, pero no se le reza. Ha sido desacralizada por su traslado al museo. ¿Cuántas veces hemos visto en un museo a alguien santiguarse o hacer una reverencia? Quizá alguna vez, pero es un suceso poco habitual incluso en países de lo que llamamos Oriente. Mismo hasta los devotos se ajustan a un doble código de comportamiento, emoción y pensamiento: el del museo, por una parte y el del templo, por otra. Se sitúan ante unas imágenes de santos o de dioses, la miran quietos y guardan silencio, pero en una parte supuestamente hacen una cosa y en otras otra. Recuérdese que estamos haciendo de antropólogos en tierra propia.

Tanto los criterios de los templos como los de los museos son estrictos. Algunas imágenes podrían estar en ambos lugares. Pero un museo jamás aceptaría un pastiche por muy sagrado que se le considere. Ni un templo aceptaría una figura humana, no importa el mérito artístico o histórico que tenga, a no ser que represente o simbolice alguna persona divina o santa.

Imagen: Una de las representaciones más antiguas de Buda, procedente del llamado arte greco-búdico del asia central, entre los siglos I y II d.C.

Este escrito es parte del borrador de la conferencia ofrecida en las II Jornadas de Arte Moderno y Contemporáneo sobre el cuerpo en el arte, organizadas y publicadas por el Ayuntamiento de Alcalá de Guadaira, Sevilla

sábado, septiembre 01, 2007

Apunte 09, EL SABOR DE LAS EMOCIONES EN ORIENTE Y EN OCCIDENTE. (Cuerpo físico y cuerpo místico en el arte oriental)

En Occidente se utiliza con frecuencia el sabor para referirse a estados de ánimo, así como a caracteres. Se habla de momentos dulces, también de personas con este sabor o carácter. Se habla de humores ácidos, de ingenios picantes, de gentes amargadas, así como de personas saladas, incluso se dice “agridulce” de algunas situaciones.
Esta asociación metafórica entre sabores y emociones o caracteres funciona porque, primero, determinados sabores producen de hecho determinadas emociones y, segundo, porque determinadas emociones provocan determinados sabores. Ya mencionamos la relación que se establece entre los órganos y las emociones. Los órganos y las entrañas segregan y procesan determinados sabores o sustancias de esos sabores. Por ejemplo, algunos jugos gástricos son de naturaleza ácida. La bilis que segrega el hígado y recoge y administra la vesícula es amarga, el bazo-páncreas procesa el azúcar del cuerpo, los riñones regulan la sal. Si las emociones se relacionan con los órganos y los órganos con los sabores en el cuerpo, es lógico que las emociones y los sabores estén en relación de mutua causalidad, o sea, los unos son causa de los otros y viceversa.
Es experiencia común y cotidiana que las personas procuren regular de un modo consciente o inconsciente sus humores abundando en uno u otro sabor. En los momentos de desazón (otra metáfora de sabor) o sinsabor (también) o desamor, se procura lo dulce. En el Ayurveda se dice que se procura en estos casos también lo graso. Las tabletas o bombones de chocolate, por ejemplo, combinan ambas cualidades en un solo alimento. Para tonificarse se busca lo ácido y lo picante. Para activarse se procura lo amargo, como el café o el chocolate, que en su estado puro tiene ese sabor. Para animarse se quiere lo salado, sabor abundante en los aperitivos. Y luego las combinaciones entre sabores y humores en estados de ánimo y alimentos son tan numerosas como la combinatoria matemática permite y, en muchos casos, aparentemente contradictorias.
El cuerpo humano tiene una peculiaridad con respecto al de otros mamíferos: los músculos cutáneos que en otros animales se reparten por diferentes zonas del cuerpo, en nuestra especie se concentran en el rostro. Como es conocido estos músculos son sensibles a las emociones, pero a los sabores también y de modo parejo. En ocasiones, viendo las expresiones faciales de las personas, se me representa como si estuvieran degustando caramelos emocionales con estos sabores: amargura, dulzor, salado, ácido, picante o sus posibles combinaciones.
Estas observaciones nos sirven para constatar la estrecha relación que existe entre el cuerpo y el carácter o los vaivenes emocionales del alma.
Para centrarnos en el asunto principal que nos ocupa, existe un cuerpo físico y otro cuerpo que podemos llamar místico, pero que también, para entendernos, podemos llamar “espíritu”.
Volviendo al asunto de los sabores, pero sin abandonar el del espíritu, en el Ayurveda se tiene este conocimiento muy sistematizado. Del mismo modo que se relacionan los sabores con las emociones, también se relacionan con los caracteres o las constituciones. También en Occidente se atribuyen sabores a los caracteres aunque no sea de un modo tan sistemático: se habla de caracteres dulces y de tipos amargados o también salados.
Un detalle interesante: desde una perspectiva espiritualista, se dice que para encarnarse un espíritu, para existir en la tierra, ha de hacerlo de un determinado modo, con una determinada constitución o carácter.
Según el Ayurveda, dentro de cada constitución prima un sabor o varios de ellos. Conseguir el equilibrio entre los sabores significa preservar la salud. Si alguien abunda y consumen en exceso el sabor o los sabores que le caracterizan entonces enferma. Pero si, como es natural, los evita, permanece sano.
Este sistema de sabores y emociones o caracteres va cobrando sentido conforme se conoce con mayor profundidad. Podríamos profundizar en este sentido pero necesitamos concentrarnos en la línea central de estos argumentos.

lunes, agosto 27, 2007

Apunte 08, UNA ENSEÑANZA QUE ATRAVIESA SIGLOS, La enseñanza de la representación humana en el arte oriental 4.

La representación de las figuras históricas o simbólicas son reconocibles por sus símbolos: Siva por la piel que viste, la cobra al cuello, el tridente en la mano y el manantial del Ganges en la coronilla; Cristo por la corona de espinas, sus llagas, la barba y la melena, el aura en la coronilla y el corazón incendiado; Mahavira también por la llama en el pecho; y, por fin, Buda, reconocible básicamente por las posturas físicas que adopta; sólo por citar algunos ejemplos.

Estas posturas sedentes meditativas son muy antiguas. Existen algunas muestras de la civilización de Mohenjo-Daro con más cinco mil años de antigüedad. Estas apreciadas posiciones de la figura humana, con variantes, con diferentes símbolos que caracterizan diferentes personas han atravesado siglos y civilizaciones hasta llegar a nuestros días.

En un tratado de arte chino leo que uno de los términos que en chino designa al budismo puede traducirse como: "Enseñanza pictórica" (xiangjiao).

Puesto que las pinturas dhármicas en la China desde épocas tempranas abundan en la representación del Buda meditando en la posición del Loto o Padmasana, podemos inferir fácilmente en qué consiste la esencia de esa enseñanza pictórica.

Hay un dibujo chino antiguo de trazos muy sencillos que representa un monje sentado sobre un cojín colocado sobre una colchoneta (zafutón, en japonés) o tal vez lienzo (sagu). El tipo físico es medio, ni ascético ni corpulento. Sus ropas son sencillas y pulcras. El detalle de los zapatos colocados ordenadamente junto a él, denota atención a los gestos y detalles. La decoración floral junto a él muestran el gusto por la belleza simple. Su porte transmite una relajada atención, una tranquila energía. Interesante que apenas unas líneas en un dibujo sean capaces de transmitir toda una filosofía de vida.

Aparte de la enseñanza que pueda leerse en las representaciones de la figura humana en el arte oriental está la experiencia estética que en sánscrito se llama "rasa". Esta rasa la equipara Coomaraswami a una suerte de iluminación. Esa experiencia es más que un mensaje que podamos expresar en palabras. A mi modo de ver, pertenece a un tipo de belleza que precisamente nos deja sin palabras.

Estamos acostumbrados a que lo que llamamos arte genere largos discursos expresados en catálogos, presentaciones, reportajes periodísticos, críticas, tratados de estética etc. Pero lo que experimentan las personas que visitan bellos templos como los de la Isla de Elefanta, por citar un caso, es un sobrecogimiento que sólo se expresa en silencio. Se trata de un silencio reverente pero tranquilo, no atemorizado. Precisamente uno de los gestos corporales de las figuras humanas en el arte dhármico es lo que se llama en sánscrito Abhaya Mudra, el gesto de "no temáis".

Parece que cuando habla el cuerpo su lenguaje, calla la mente.

Ilustraciones: Sello de la cultura de Moenjo Daro 3000 A.C. Mahavira XII D.C. Pintura china conservada en el British Museum.

Este escrito es parte del borrador de la conferencia ofrecida en las II Jornadas de Arte Moderno y Contemporáneo sobre el Cuerpo en el Arte, organizadas y publicadas por el Ayuntamiento de Alcalá de Guadaira, Sevilla



viernes, agosto 24, 2007

Apunte 07, PONGO A LA TIERRA POR TESTIGO, La enseñanza de la representación humana en el arte oriental 3.

El artista meditador modela al Buda dentro de sí. Con su propio cuerpo procura comprenderlo buscando en sí mismo esa sabiduría antigua y esencial. No es sólo la aceptación plena de sí mismo y de su existencia corporal, pero también la aceptación de la tierra toda. Cuando el artista meditador plasma esa comprensión corporal en el papel, en el barro o en la piedra, la concentración pasa de la quietud al movimiento, del propio cuerpo a las materias exteriores al mismo. Se trata de una aceptación absoluta del mundo.

Respecto a la enseñanza que transmiten esas figuras hay una frecuente en ese sentido. Se trata del gesto en que el meditador con las yemas de los dedos de una mano abierta toca la tierra. Esta es una referencia histórica al momento en que el Buda Gautama en sus soledades meditativas pone a la tierra por testigo de que ha alcanzado la conciencia plena venciendo todas las ilusiones.

Hay varios gestos y varias figuras dentro de esta secuencia de sucesos históricos: el Buda inmóvil en meditación profunda; el que pone a la tierra por testigo de su comprensión; el que camina después para transmitir su enseñanza; de nuevo el meditador que muestra su porte sereno y ecuánime, sentado con las piernas cruzadas, ante sus discípulos y compañeros; y, por fin, el Buda yacente. Se muestra de este modo las tres posiciones básicas de la persona: sentado, tendido y de pie.

Ilustración: Buda en Bhumisparsha Mudra, India, Bihar; Pala period finales del siglo IX o principios del X de nuestra era.

jueves, agosto 23, 2007

Apunte 06, MIL BUDAS, La enseñanza de la representación humana en el arte oriental 2.

El famoso teórico del arte indio, Ananda Coomaraswamy, citando fuentes tradicionales, afirma que el arte devocional (bhakti, en sánscrito) de India es un Yoga.

En el noroeste de la China, al principio de la antigua ruta de la seda hay un templo conocido como La Cueva de los Mil Budas. Durante siglos se han ido esculpiendo en la roca de la montaña que lo alberga, uno junto al otro, mil budas. Esta abundante repetición de imágenes del cuerpo humano en una misma pose tiene a mi entender una triple explicación: por el lado del hacedor, por la parte del contemplador y desde el punto de vista de la enseñanza que transmite.


Gran parte del arte dhármico es un trabajo amador (no voy a llamarlo amateur). El hacedor y el contemplador de la escultura o el dibujo pertenecen al mismo rango o son las mismas personas en orden sucesivo. Esto acontece en laicos y, con más frecuencia, en monjes que asumen como tarea espiritual la contemplación de las figuras, el aprendizaje de las técnicas y su posterior realización, de ahí la repetición incesante de figuras parecidas en posiciones idénticas, generalmente meditativas. El monje o el laico se ejercita en la meditación sentada, esculpe en su propio cuerpo y en su propia mente para luego realizarla en otras materias. Es una acción que puede realizarse una vez en la vida o de un modo constante.
El modelo para esas figuras son ellos mismos o sus compañeros de meditación. La posición del Buda ha sido comprendida por el propio Buda o por aquel que, mediante la imitación constante se encamina a serlo.

miércoles, agosto 22, 2007

Apunte 05, Cita. (Cuerpo físico y cuerpo místico en el arte oriental)



Esta figura del Buda-yogui sentado es una representación artística tan netamente monumental como las pirámides de Egipto, aunque con un contenido mucho más profundo. De hecho, esta imagen representa el mayor ideal que la escultura india haya intentado nunca expresar, y por fortuna, de ella se conservan todavía, aunque sean escasos, magníficos ejemplos de fechas relativamente tempranas.


Ananda Coomaraswamy
La danza de Siva

jueves, agosto 02, 2007

APUNTE 04, LA ENSEÑANZA DE LA REPRESENTACIÓN HUMANA EN ORIENTE 1(Cuerpo físico y cuerpo místico en el arte oriental)


En Occidente las maneras habituales de relacionarse con el cuerpo, de conocerlo, es mediante el placer o a través del dolor.

En esa amplia área del arte oriental que podríamos llamar Arte Dhármico, se ofrece un tercer modo que es la conciencia del cuerpo tal cual es, buscando sensaciones más sutiles, que no sólo son diferentes de las más burdas como el dolor o el placer, la comodidad o la incomodidad, sino también de aquellas otras como el hormigueo, el entumecimiento, el picor, la pesadez, el cansancio (agradable o no), el frío, el calor, etc.

Sin querer rechazar o procurar estas sensaciones existen técnicas tradicionales en oriente que indagan en otras sensaciones corporales más sutiles como son: la energía, la fuerza, el estiramiento o la relajación. La percepción interna de las diferentes posiciones que el cuerpo adopta es, por su parte, una de las sensaciones físicas más sutiles que pueda lograrse, pues se aproxima y casi se identifica con el conocimiento de la sensación subyacente y básica de la propia existencia del cuerpo mismo, pues el cuerpo siempre está en una posición determinada y sólo puede ser conocido así.

A esta sabiduría apunta gran parte de las representaciones artísticas que del ser humano se vienen realizando en Oriente.

(Continúa...)


(Ilustración: terracotas de Mohenjo-Daro, tercer milenio antes de Cristo)

martes, julio 31, 2007

APUNTE 03, LOS ÓRGANOS Y SUS EMOCIONES EN CHINA Y EN OCCIDENTE (Cuerpo físico y cuerpo místico en el arte oriental)


Antonio Damasio en su libro El Error de Descartes establece la relación que existe entre el pensamiento y el cuerpo. En Occidente cada vez es más conocida la relación que establece la medicina tradicional china entre los órganos y sus emociones correspondientes. También es interesante recordar lo que tradicionalmente en Occidente se ha pensado al respecto.

En la medicina tradicional china el corazón rige la actividad mental y espiritual. Su emoción correspondiente es la alegría. En caso de plenitud se produce la euforia y la hilaridad, en caso de vacío, el abatimiento. En caso de disfunción se produce confusión o perturbación mental. Por su parte, Platón situaba en el pecho (caja torácica) parte del espíritu, la relativa al valor y al ánimo.

En nuestro ámbito, el conocimiento popular que expresa el lenguaje habla de "corazonadas" o "pálpitos" como sinónimo de "intuición". Y también, por cierto, y en abundancia se relaciona el corazón con el amor o su ausencia. Se habla de corazones rotos, duros, grandes, etc.

La disfunción en los pulmones se relaciona con la tristeza y la ansiedad. En Platón, lo dicho respecto al pecho.

La función principal de los pulmones es la respiración que no sólo en la Grecia antigua (psique, neuma) pero también en India se relaciona con el alma (atman). En nuestro lenguaje son numerosos los ejemplos que relacionan la respiración con estados o fenómenos del espíritu o la mente: se habla de "aliento" (amplitud mental) o "alentar" (animar) en sentido figurado, también de "inspiración" (inventiva), "expiración" (muerte), "sofoco" o "sofocón" (disgusto intenso).

Respecto al bazo, en francés la palabra de origen griego "spleen" (bazo), se relaciona con una tristeza pensativa. En alemán se relaciona con el capricho, igual en inglés idioma en el que también se le realaciona tradicionalmente con otros humores, como la alegría, la melancolía o la irritación. En la medicina tradicional china el bazo está asociado funcionalmente con el páncreas y corresponde al pensamiento o la reflexión, su disfunción ocasiona obsesiones o ideas fijas.

El hígado, por su parte, corresponde en emociones, en caso de disfunción a la cólera o la suceptibilidad. En Occidente al humor de la cólera (en sentido concreto y figurado) se le llama "bilis" o "atrabilis", pero también se le relaciona con la tristeza: melancolía. Ambos términos designan a la bilis negra, siendo la atrabilis de naturaleza caliente y la melancolía de naturaleza fría.

Los riñones en la medicina tradicional china corresponden al miedo.

Respecto a las entrañas en Occidente se relaciona el estómago con la aversión o el rechazo.

La relación entre las emociones y los órganos parece ser recíproca, de modo que, por ejemplo, un hígado con disfunciones segregue melancolía o las emociones correspondiente afecten tanto al hígado como un exceso de patatas fritas.

(ADENDA, 2 de agosto: Luego recordé, respecto a las entrañas, que el filósofo griego Platón situaba el alma apetitiva, o sea, el alma del deseo o el deseo mismo, en el vientre)

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El sabor de las emociones


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miércoles, julio 18, 2007

APUNTE 02, SÓLO UN BUDA PUEDE ESCULPIR UN BUDA, (Cuerpo físico y cuerpo místico en el arte oriental)


Dentro de la cultura y la filosofía de Oriente, el cuerpo humano es un regalo divino para el espíritu que lo habita. La vida en la tierra dentro de este cuerpo, lejos de ser una cárcel o una condena para el alma, es una oportunidad única para alcanzar la sabiduría y la liberación.

A diferencia de las teorías platónicas, donde el cuerpo es el origen del mal, en la filosofía oriental el cuerpo es algo esencialmente bueno que, por un lado, manifiesta las cualidades del alma y, por otra parte, es estudiado y comprendido por ésta.

El desarrollo espiritual de las personas se manifiesta en sus cuerpos mediante el porte y a través de las posturas que adopta. A estas posiciones físicas se las conoce momo “mudras”, palabra que significa literalmente en sánscrito “lo que da la felicidad”.

Las representaciones artísticas de las grandes personalidades (principalmente de la religión o la sabiduría) pretenden reproducir estos gestos o mudras así como un porte corporal digno y consciente. Estos son rasgos difíciles de mostrar que el artista sólo mediante su propia evolución espiritual es capaz de plasmar. En este sentido, sólo un buda puede esculpir o pintar un buda. El artista reproduce la iluminación primero en su propio cuerpo y en su propia mente y luego lo desarrolla en otra materia.


Este escrito es parte del borrador de la conferencia ofrecida en las II Jornadas de Arte Moderno y Contemporáneo sobre el Cuerpo en el Arte, organizadas y publicadas por el Ayuntamiento de Alcalá de Guadaira, Sevilla


miércoles, junio 27, 2007

APUNTE 01, LA FORMA DEL CUERPO, (Cuerpo físico y cuerpo místico en el arte oriental)



Mi objetivo no consiste en comporar las representaciones del cuerpo humano de Occidente con las de Oriente. Ahora bien, cotejar la manera en que se ha dibujado el cuerpo en ambos hemisferios resulta revelador. La ventaja del estudio de lo exótico es salirse de lo propio para conocerlo con una mirada fresca y con la perspectiva de lo exterior. Aunque por globalización de los mercados y por los movimientos turísticos y migratorios, Oriente y Occidente ya no se resultan tan extraños el uno al otro, la cultura oriental sigue, en gran medida, resultando desconocida, principalmente porque los paises de aquella región han adoptado en muchos aspectos nuestros puntos de vista, y no tanto así en el otro sentido, de modo recíproco.

Por ofrecer un ejemplo, consideramos normal que en países de Extremo Oriente dispensen la medicina occidental en los hospitales públicos y la enseñen en las universidades. Sin embargo, que ocurriera lo mismo aquí con las medicinas tradicionales de aquellos países (china, ayurvédica, tibetana, etc.) a muchos les resultaría un exotismo supersticioso o extravagante.

Dentro de la representación del cuerpo humano en el arte (y también dentro de la medicina), un capítulo básico es la anatomía. La palabra "anatomía" significa disección. Lo que resulta chocante en las mejores y más realistas anatomías es que retratan precisamente lo que estudian: cuerpos humanos sin vida.

Hay otra gama de anatomías, que diríamos más artísticas, donde aparecen desollados o esqueletos dotados de extraña movilidad, adoptando poses para mostrar con claridad las entrañas, los músculos, los tendones o los huesos.

Sólo en los estudios de proporciones como los célebres de da Vinci, el cuerpo humano muestra vitalidad y fuerza.

En contrase con las anatomías tradicionales de Occidente, en los estudios del cuerpo humano en Oriente con vistas a la medicina, llama la atención que se trata de figuras con los ojos abiertos y tono vital.

Una explicación de esta diferencia esencial (Occidente: anatomía de cadáveres. Oriente: estudios de cuerpos vivos) puede ser que las medicinas de Oriente se interesan por los canales y centros de energía que sólo están presentes en personas vivas (en concreto constituyen la vida) y no son detectables mediante disecciones.


Este escrito es parte del borrador de la conferencia ofrecida en las II Jornadas de Arte Moderno y Contemporáneo sobre el cuerpo en el arte, organizadas y publicadas por el Ayuntamiento de Alcalá de Guadaira, Sevilla

viernes, junio 22, 2007

APUNTE 00, CUERPO FÍSICO Y CUERPO MÍSTICO EN EL ARTE ORIENTAL


A partir de la publicación en línea a modo de bitácora de uno de mis libros, se me han ocurrido varios proyectos para realizar a través del mismo medio.


Uno de ellos es la elaboración también en línea de un discurso o conferencia titulada CUERPO FÍSICO Y CUERPO MÍSTICO EN EL ARTE ORIENTAL. Cuando el crítico de arte, profesor de Literatura y periodista Francisco L. González-Camaño me propuso ofrecer una conferencia, dentro de un ciclo sobre el cuerpo en el arte, vi la oportunidad de iniciar una investigación sobre este fecundo asunto cuyos resultados fueran reveladores para mí y para quienes quieran acompañarme en estas espesas materias.

El momento de proponérseme la conferencia estaba yo concentrado en la elaboración de un artículo titulado "Yoga Interior, Yoga Exterior" (publicado aquí) que me había sugerido la lectura de "Death must die" de Atmananda. Este artículo que, en principio había surgido como notas o comentarios personales sobre el libro acerca de Anandamayee Ma, se prolongó luego por ocho páginas tocando precisamente el asunto de la importancia o la trascendencia mística del cuerpo. Esta coincidencia afortunada, es el punto de partida para otras nuevas pesquisas que relacionen la relevancia mística del cuerpo humano y su ulterior expresión en el arte.

La especificación "en el arte oriental" viene dada por el marco de la conferencia donde, habiendo personas que se ocupen con autoridad de otras materias relativas al cuerpo humano en el arte, todavía se precisaba de alguien que abordara el asunto observándolo desde la perspectiva del arte y la filosofía oriental.

Sin ser un especialista en estas materias, siempre me han interesado no como un divertimento étnico o exótico sino por lo que tienen de universales y aplicables en nuestra persona y vida diaria.

El dar opiniones y teorizar sobre algún asunto me parece un ejercicio legítimo de la mente. Sin embargo cada vez me propongo más dar algún servicio con mis escritos, ofreciendo noticias tal vez desconocidas, estableciendo relaciones inéditas entre ellas, abriendo horizontes y sugiriendo nuevos puntos de vista.

Observo que la originalidad y el afán de novedad son virtudes cada vez más denostadas, convertidas casi en defectos. Se considera incluso un propósito imposible o ingenuo. Pero, siendo sinceros, cada persona, cuando comienza a leer un escrito o escuchar un discurso siempre aguarda una pequeña sorpresa, alguna novedad, una idea original que justifique el tiempo o la atención que le dedica.

Para concluir esta presentación, no pretendo con estas notas redactar parte por parte todo la conferencia, como discurso cerrado y compacto, sino comunicar mis investigaciones y observaciones conforme van surgiendo de modo que el lector pueda acompañarme en la búsqueda de un resultado que todavía desconozco.
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(Seguirá en
http://yogasala.blogspot.com/)
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(Ilustración: Ángeles Pedrero Encabo)

Este escrito es parte del borrador de la conferencia ofrecida en
las II Jornadas de Arte Moderno y Contemporáneo sobre el cuerpo en el arte, organizadas y publicadas por el Ayuntamiento de Alcalá de Guadaira, Sevilla

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